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Geología de los cuadrángulos de Cajamarca, San Marcos y Cajambamba 15-f, 15-g, 16-g - [Boletín A 31]
1980
INGEMMET. Boletín, Serie A: Carta Geológica Nacional, n° 31
El área estudiada corresponde a un sector de la parte septentrional de la Cordillera Occidental, disectado por numerosos valles entre los cuales destacan el de Jequetepeque y el de Chicama, pertenecientes al sistema hidrográfico del Pacífico. Los departamentos incluidos en estos cuadrángulos son, La Libertad (Provincia de Otuzco) y Cajamarca (Provincias de Cajabamba y San Marcos). Longitudinalmente, la Cordillera Occidental está dividida por los valles interandinos de Cajamarca y Condebamba, los cuales convergen en el lugar denominado La Grama. Allí forma el río Crisnejas, que descarga sus aguas en el Marañón siendo, a su vez, afluente del río Amazonas. Geomofológicamente, presenta superficies de erosión a diferentes niveles, siendo la más alta la llamada Superficie Puna, que pasa de los 4,000 m.s.n.m. Todas se hallan en pleno proceso de destrucción por la intensa erosión, que se ha acentuado recientemente debido al levantamiento general de la región, profundizando aún más los valles. El drenaje generalmente está controlado por las estructuras, en tanto que las partes más altas del territorio fueron modificadas por efectos de la glaciación Plio-Pleistocénica. Estratigráficamente, la secuencia más baja está representada por los clásticos del Grupo Mitu del Paleozoico superior, que en otros lugares descansan discordantemente sobre las filitas del Complejo del Marañón. Este Grupo está cubierto por calizas triásico-liásicas del Grupo Pucará. Posteriormente, durante el Titoniano y Neocomiano-Aptiano, en una cuenca de la parte occidental, se depositaron cerca de 3000 m. de sedimentos (Chicama-Farrat), en contraste con lo acontecido en la plataforma o Geoanticlinal del Marañón, en donde sólo se han depositado 300 m. de clásticos continentales del Grupo Goyllarisquizga. Desde el Albiano al Santoniano, la parte occidental recibió más de 2,000 m. de sedimentos calcáreos, mientras que en la parte oriental posteriormente sumergida, la sedimentación fue menor. La primera está relacionada con las Formaciones Inca, Chúlec y Pariatambo (equivalentes a la formación Crisnejas del sector oriental), mientras que las Formaciones Yumagual, Quilquiñán, Mujarrúm y Celendín son comunes en ambos sectores. En el Cretáceo tardío, ocurre el primer movimiento deformatorio del Ciclo Andino caracterizado por un levantamiento mayor de la zona de cuenca, dando lugar a una acumulación clástica rojiza sobre la plataforma y el resto de la cuenca (Formación Chota). Este evento fue seguido durante el Terciario temprano, por el segundo y principal movimiento deformatorio del Ciclo Andino, el mismo que afectó a todas las formaciones de la cuenca dando lugar a las principales provincias estructurales. Después de un largo período de estabilización, la erosión originó una acumulación conglomerádica en las partes bajas (formación Huaylas) y la aparición de una superficie desgastada, sobre la cual se acumuló la serie volcánica-clástica sub-aérea del grupo Calipuy en la parte media del Terciario temprano. A fines del Terciario temprano comienza el tercer movimiento deformatorio del Ciclo Andino -probablemente relacionado con el fallamiento en bloques del basamento- que repercutió con un ondulamiento sobre la costra volcánico-clástica del Grupo Calipuy y, aparentemente, por una ondulación superpuesta sobre la serie Cretácea anteriormente plegada con la misma dirección andina. Inmediatamente después, a comienzos del Terciario Medio, tuvo lugar el emplazamiento de la mayoría de los cuerpos intrusivos del Batolito Andino. A partir del Oligoceno, y después de otro largo período de estabilización, se formó la superficie de erosión denominada, Superficie Puna, probablemente afectando en muchos lugares, hasta el basamento y rocas intrusivas. En estas condiciones se inicia aparentemente en forma cíclica, el cuarto movimiento deformativo del Ciclo Andino (epirogenético), ocasionando superficies de erosión a diferentes niveles a partir del Mio-Plioceno. Estas superficies algunas veces fueron rellenadas por materiales volcánicos tardíos (Volcánico Huambos) y por sedimentos lacustres en las cuencas continentales (Formación Cajabamba). Finalmente, como subproducto de la glaciación Plio-Pleistocénica se acumuló por acción fluvial en las partes bajas, una serie de materiales fluvioglaciares (Formación Condebamba) y depósitos recientes en las innumerables lagunas que progresivamente han ido desaguándose. Estructuralmente, se han reconocido las provincias de pliegues y sobreescurrimientos y la imbricada, afectando exclusivamente sedimentos Jurásicos-Cretáceos. Ello implica el transporte lateral del SO al NE de sedimentos de la cuenca sobre el flanco del geoanticlinal del Marañón, despegadas aparentemente, de algún nivel de las lutitas Chicama. Las rocas intrusivas son generalmente cuerpos medianos de diorita granodiorita y pequeños stocks de andesitas y dacitas porfiríticas, las cuales se relacionan a los yacimientos de cobre diseminado. La mineralización se extiende por la parte occidental del área siguiendo una faja con contenido de zinc, plata, plomo, cobre (Quiruvilca, Sayapullo y Paredones). En la parte oriental hay otra faja que, además, de tener los elementos anteriormente citados, vienen acompañados de tungsteno y molibdeno (Pasto Bueno, Victoria, Tamboras, Huamachuco y Algamarca). Finalmente, en la parte NE se tienen los pórfidos cupríferos de Michiquillay, Sorochuco y otros más, al Norte en la misma dirección. Los depósitos no metálicos están representados por carbón, arcillas, yeso, calizas, cuarcitas y tobas, para la industria de la construcción.
Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico - INGEMMET
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